
Los colombianos estamos permanentemente sometidos a la ponzoñosa propaganda de la derecha. Un elemento fundamental en ese emprendimiento poco ético y abusivo son los medios masivos que se solían llamar “hegemónicos”, pero que, como consecuencia de su falta de objetividad y honestidad profesional han venido perdiendo audiencia y, por tanto, influencia en la ciudadanía.
Expresiones como “#CaracolMiente, #RCNMiente, #ElTiempoMiente, #ElColombianoMiente”, entre otras, han pasado de ser eslóganes a convertirse en certidumbres y, dicha situación, se confirma casi a diario, en especial en este periodo preelectoral o cuando se oculta, minimiza o se deforma la información respecto a los resultados o acciones del gobierno o los antecedentes y ejecutorias de candidatos del progresismo.
Para nadie es sorpresa, aunque no se reconozca por parte de esos desacreditados medios, que tienen, sin duda, una agenda política, lo que convierte automáticamente de sus dichos en propaganda.
Recientemente se ha puesto en evidencia el vínculo muy cercano entre un medio que se dice “objetivo” e “independiente” denominado “La silla vacía” con la campaña de una camaleónica figura de la ultraderecha, en cuyas reuniones de su sancta sanctorum se demostró con pruebas fotográficas irrefutables la participación de la directora de ese medio. Así mismo se reveló el papel de ese medio en una operación propagandística dirigida a mandos medios de empresas privadas y dirigida y urdida por un reconocido manipulador adscrito al Centro Democrático y que se ha llamado como “Operación Júpiter” por su sistematicidad y complejidad.
Una prensa sesgada, sucia, manipuladora, grotesca y burda en sus montajes. Ya no se preocupan por disimular sus preferencias, por eso es que la audiencia los abandona, la gente se da cuenta y se molesta de tal adocenamiento y manipulación, de tanta falta de objetividad, de tanta deshonestidad, de tanto truco patético.
Frente a la cada vez menor eficacia de la propaganda difundida en esos medios, en la tal operación Júpiter la derecha ha optado por el mensaje pseudoacadémico, deshonestamente sugestivo, preponderantemente emocional y superficial, personalizado, a través de conferencias y “capacitaciones” en las que se toca el tema de “liderazgo” y ladinamente se sugiere un tipo de líder, muy parecido a una candidata de ultraderecha, como el más adecuado para dirigir el país.
A ese tipo de manipulación, el propio Angel Becassino, indiscutible experto y gran conocedor de las posibilidades y alcances de la comunicación social, se ha referido en entrevista concedida a Señal Investigativa de Señal Colombia, como un ejercicio poco o nada ético, una manipulación deliberada e insidiosa, de la opinión pública.
Por supuesto, los promotores de dicha estrategia, fieles a su deshonestidad intelectual y caminando por el borde de un delincuencial constreñimiento intelectual al ciudadano, niegan que la tal operación Júpiter tenga ese objetivo soterrado y, más que la expresión argumentada y rigurosa de una postura crítica política, como se ha demostrado de manera irrebatible, sea simplemente una perversa y maliciosa forma de manipulación.
La ética y la verdad han sido las permanentes víctimas de esos emprendimientos propagandísticos de la derecha que buscan incidir emocionalmente en la decisión de la ciudadanía de elegir un candidato y una propuesta para dirigir los destinos de nuestro país este 31 de mayo.
Ayer, al presentar los resultados de una encuesta elaborada por la empresa INVAMER relativa a la intención de voto para la primera vuelta presidencial, en la que el candidato progresista crece y crece doblando a sus dos rivales de ultraderecha, al señor Juan Roberto Vargas, en tono un poco afligido, se le salió un comentario que revela la intención de las acciones terroristas que han agobiado a la población del sur del país, una de las zonas de mayor favorabilidad del candidato progresista, cuando imprudentemente señaló que esa encuesta no reflejaba el efecto de las explosiones registradas en Cali y otras zonas.
Las pérdidas económicas de los otrora medios hegemónicos se acumulan, tarde o temprano harán inviable la operación de esas conspicuas instituciones.
Debemos premiar el esfuerzo, el rigor, la valentía, la objetividad. El truco es suscribirnos o apoyar los medios alternativos. Hoy por hoy los más buscados, los más honestos y creíbles. Hay muchos y enumerarlos nos pone en el predicamento de pasar por alto, olvidar esos pequeños, medianos y grandes emprendimientos que honran con su quehacer el periodismo.
Sólo pido que los apoyemos…
Por CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ABRIL 27 DE 2026
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.
