Una distinción antropológica entre la risa y la sonrisa
No es lo mismo la risa que
C.S. Lewis narra su encuentro con Dios, su conversión, en un libro que ha titulado de una manera enormemente interesante. Parece que el propio título sintetiza el contenido de su encuentro con Dios: "Sorprendido por la alegría”. Parece que es
Dios quien le busca, quien le sorprende. Y parece que eso que le sorprende es
un Dios que trae consigo
Todos necesitamos ver caras sonrientes. Rostros que expresen la
bondad del corazón. Debe haber un
cable, desconocido por los anatomistas, que comunica el corazón con los labios, de manera que cuando el
corazón sonríe, el rostro se ilumina
de alegría. Sonreír es mostrar al mundo que mi alma
vive en paz en medio del río de
Shakespeare tiene un
pasaje genial en
su “Julio Cesar” que viene a ilustrar esta idea. Julio y Antonio atraviesan Roma en una cuadriga, se dirigen al circo. El
pueblo les saluda a su paso. En una esquina ven a Casio y entonces Julio Cesar comenta: “Rodéame de hombres gruesos, de hombres de cara lustrosa, y tales que de noche duerman bien. He ahí a Casio con su
figura extenuada y hambrienta: piensa demasiado, es peligroso. No le temáis Cesar —dice Marco Antonio— no es peligroso, es un noble romano de rectas intenciones. Le quisiera más gordo —replica Julio— lee mucho, es un gran observador y penetra admirablemente en los motivos más intrincados de las acciones humanas. Él
no es amigo de diversiones, ni oye música, rara vez sonríe. Tales hombres no sosiegan jamás” (William Shakespeare. Julio Cesar.
Acto
primero, escena segunda.).
La alegría de
vivir es todo un patrimonio, un tesoro. Los que llegan a adquirir la sabiduría son personas a las que no
es fácil arrebatar
Hay que probar a sonreír. Quizá ese cable desconocido
funcione también en sentido inverso. Quizá el que se proponga sonreír a todos
acabe por hacer que su corazón descanse.
Ser positivos, tener ojos para ver el bien que late en cada criatura y en cada
circunstancia. Esas personas se
cotizan. Lo negativo es muy fácil de detectar, valen más quienes encuentran siempre un pensamiento positivo, hermoso. Aunque la situación sea angustiosa, aunque las circunstancias negativas impongan su
ley, las personas con corazón sensato encuentran dentro de sí mismas una esperanza que mueve a sonreír. La esperanza se encuentra dentro del propio corazón, no en la hipotética llegada de un
cambio externo. La verdad puede llegar a ser dura pero
siempre tiene el rostro sereno de Cristo.